Punk, rock y blues: armas de resistencia contra la dictadura y la opresión

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La música también es política y un instrumento para transmitir ideología, defiende Víctor Terrazas en el libro ‘Política en escala de do’, donde refleja cómo la protesta alentó e impregnó diversos géneros y canciones.

El punk, un escupitajo al sistema

“El punk es una amenaza más fuerte a nuestro estilo de vida que el comunismo ruso o la hiperinflación”, llegó a comentar un locutor de la BBC. “Esa frase era cierta, porque fue la respuesta de toda una generación, un grito de rabia y desprecio contra los valores, contra los ídolos y artistas, y también contra la política y los políticos. Un escepticismo total hacia la cultura burguesa, hacia el rock clásico y hacia la forma de vida de aquellos años”, explica Terrazas, quien a la hora de elegir una banda y una canción se queda con The Clash y su White Riot.

Eran diferentes. Para ellos sí había futuro, pero había que conquistarlo. El punk se ha reflejado de demasiadas formas, desde una visión ácrata y nihilista hasta una mucho más combativa e ideologizada. Sin duda, The Clash entraría en el segundo grupo”, comenta el autor de Política en escala de do. “Este conjunto londinense es uno de los padres fundadores de este género, aunque a diferencia de otros poseía una calidad instrumental y lírica digna de admirar, lo que les ha convertido en uno de los mejores de toda la historia”.

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La canción protesta galopa por el mundo

Víctor Terrazas echa el ancla a comienzos del siglo XX para bucear en la “misteriosa” figura de Joe Hill, el pecio de la canción protesta estadounidense. Un inmigrante sueco, de nombre Joel Emmanuel Hägglund, quien en 1903 trabajaba de sol a sol por tres dólares a la semana: la pesadilla americana. “Lo único que le quedaba era su guitarra, y con ella entonó las antiguas baladas de tradición obrera del siglo XIX. Sus canciones eran sobre la resistencia, la unión, la organización y la lucha de clases“, escribe el autor en el libro.

La banda sonora del sindicato, la huelga y la resistencia estaba compuesta por canciones como Casey Jones, la historia de un esquirol de la Southern Pacific Railroad, o Everybody’s Joining It, destinada a reclutar nuevos sindicalistas, como señala Valentín Ladrero en Músicas contra el poder (La Oveja Roja). El mensaje se difundió de arriba abajo y de izquierda a derecha, calando en la población. La canción protesta podría ser un manifiesto de denuncia o un grito de guerra, aunque a veces apelaría a la sutileza para burlar la censura.

“Leonard Cohen relató que en la caída de los nazis la canción había desempeñado un papel fundamental. El fin de la dictadura de Francisco Franco no hubiera sido posible sin el esfuerzo de todas aquellas personas que arriesgaron su libertad por recuperar la dignidad y la justicia. Raimon, Serrat, Paco Ibáñez, Aute, Lluís Llach, Elisa Serna, Rosa León… son algunos de los nombres que, mediante sus melodías armoniosas y sus metáforas inteligentes, fueron capaces de traer la esperanza y la fuerza de un compromiso significativo de cambio, la búsqueda de un futuro mejor”, escribe Terrazas.

Según él, los cantautores fueron uno de los vehículos más eficaces para la transmisión de la poesía. Como paradigma cita A galopar, los versos de Rafael Alberti musicados por Paco Ibáñez con un fin propagandístico. Las versiones se sucederían con el paso del tiempo y el último ejemplo es la de Pájaro, banda del músico sevillano Andrés Herrera, guitarra y discípulo de Silvio. “En este encuentro entre música y poesía surgió la canción social en España y, a mediados de los sesenta, la canción social se encontró con la canción de autor, la chanson francesa, el folk norteamericano y la canción latinoamericana”.

Allí donde las dictaduras echaban raíces, brotaban las melodías rabiosas. La música como arma de resistencia: de Brasil a Grecia, de Argentina a Portugal, de Chile a España. El autor de Política en escala de do destaca una canción compuesta al otro lado del charco por su “carácter representativo” y porque terminó siendo el himno de diversos movimientos sociales en todo el mundo: El pueblo unido jamás será vencido, del grupo chileno Inti Illimani.

Las imagenes de como convertirse en nada https://youtu.be/49iHJ8IJ-yY

Si al principio Terrazas se preguntaba si hoy es posible —o imposible— hacer rock político, el politólogo concluye que no es necesario sufrir una dictadura para hacer canción protesta. Es más, en ocasiones puede serlo aunque no fuese el propósito inicial del artista. “A veces la música no se ha hecho con una intención política, sino que son los manifestantes quienes le transfieren esa intención al cantarla en las calles”, razona. Para ilustrarlo con un ejemplo, salta del punk, del rock y del blues al reguetón: “Te boté, interpretada entre otros por Bad Bunny, se cantó en una manifestación contra Almeida, el alcalde de Madrid”. Ojo, te boté, con be.jjjj

La música y la política para gustos están los colores

“Pocas cosas en esta vida podríamos decir que son universales. Aun así, la política y la música son dos de ellas; y la relación entre ambas es un hecho innegable. Dos elementos sociales presentes allá donde hay seres humanos. Me atrevo a decir que no hay un solo ser humano en este planeta que no tenga algún tipo de relación con la música. Incluso en nuestros días, gran parte de la humanidad no lee libros, pero sí canta y baila.

Es lo que nos queda

La música subsiste como necesidad social y de ocio, pero también como libertad expresiva y comunicativa. Las canciones pueden incluso ser discursos, y sería necesario fomentar una concepción sonora a la hora de interpretar la historia. La música está presente en la experiencia cultural y, nos guste o no, nuestro día a día está inmerso en un mundo de vibraciones. Las conexiones entre la música y la política existen, aunque su relación no siempre nos agrade”.

Joe Strummer

Las políticas que desarrolló Margaret Thatcher en los ochenta —desregulación, privatizaciones, impuestos bajos— se extendieron por todo el mundo como un virus. La Dama de Hierro estableció una profecía autocumplida que decía no hay alternativa. Mientras, en el mismo país y desde el lado opuesto, el punk de los finales de los setenta nos transmitía que no hay futuro“, analiza el politólogo madrileño, quien considera que The Clash estarían en un peldaño superior. “Su líder, Joe Strummer, era un afamado estudioso de la música protesta, sabiendo dotar a las canciones de una influencia política como pocas veces antes se ha visto”.

Según él, todas las canciones de The Clash pueden identificarse con una causa política o de justicia social. Incluso, pese a las diversas interpretaciones, Should I Stay or Should I Go. “Aunque no se sabe con certeza el origen de la letra y llegó a relacionarse con la hipotética marcha de un miembro del grupo, también podría tener una intencionalidad política”, cree Terrazas. “En realidad, es deducible que alguien se está planteando: debo quedarme o debo irme, debo rendirme o debo luchar”.

Bueno ahora si quieres ver los PUNKTAZOS aquí te dejo el enlace para que te pases si quieres por el canal https://youtube.com/c/PepaonsPUNKTAZOS

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